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Cazando crepúsculos

16 de jul. 2017, 10:40 publicada per Diego Rodríguez   [ actualitzat el 17 de jul. 2017, 22:21 ]
El 26 de junio pasado tuvimos la inesperada suerte de presenciar en un vuelo de Moscú a Tokio un largo y hermoso crepúsculo, que por momentos parecía convertirse en noche y por momentos en alba, acribillando las nubes desde abajo con rayos rojizos y proyectando espectaculares reflejos en la miríada de lagos de la misteriosa región petrolífera de Janty-Mansi.

Al final, el día ganó definitivamente, pero me quedé con las ganas de averiguar si de verdad se había producido esa suerte de montaña rusa entre el día y la noche. Técnicamente, es posible a condición de que el avión vaya siguiendo la curva que define el terminador, la sombra de la Tierra. Pero no era el caso, puesto que nuestro avión se movía hacia el este a unos mil kilómetros por hora mientras que a unos sesenta grados de latitud el crepúsculo avanza a unos modestos 837 kilómetros por hora, aunque en sentido contrario. El efecto que observamos, fue por tanto, que el tiempo solar verdadero avanzaba más rápido observado desde el avión, acortando la duración del día y la noche. El efecto contrario se produce cuando el avión viaja hacia el oeste, acompañando al terminador y alargando indefinidamente el día solar.

De todas formas, ya de vuelta en casa, recuperé con la ayuda de FlightRadar24 la ruta del vuelo superpuesta a la evolución de zona de día/noche y tuve que concluir que, efectivamente, tan sólo había asistido a un sol de medianoche, común en latitudes altas, pero especialmente hermoso visto desde 10.000 metros.

Por cierto, ¿sabías que la velocidad del terminador depende de la latitud del observador?

Es lógico: en el ecuador el terminador debe recorrer los 40.000 kilómetros del perímetro terrestre en 24 horas, mientras que en el mismo tiempo a sesenta grados sólo debe recorrer la mitad de espacio, siempre teniendo en cuenta que la tierra no es una esfera perfecta. Así que el terminador avanza con mayor lentitud a latitudes más altas, hasta el punto de que un avión comercial de línea volando hacia el oeste puede darle alcance y seguirlo, o incluso adelantarlo.

Usando la fórmula:

V rotación = 1674·Cos(latitud en radianes)

A 60 grados, la velocidad será de 1674·1/2 = 837 kilómetros por hora, la velocidad crucero de un avión comercial de linea. Si un avión volando a esa velocidad se mantiene a la latitud de Estocolmo, por ejemplo, podrá disfrutar de un crepúsculo inacabable, o avanzarlo y retrocederlo a voluntad...