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El cel en tres minuts: Juny 2017

4 de juny 2017, 12:14 publicada per Diego Rodríguez   [ actualitzat el 6 de juny 2017, 8:25 ]
La Vía Láctea se organiza en grandes brazos espirales compuestos de gigantes estelares que iluminan el polvo y el gas interestelar. Desde nuestra perspectiva, son visibles los brazos de Perseo, hacia el exterior de la galaxia, y los de Sagitario, Escudo-Centauro y Norma, hacia el interior. El Sol se encuentra en lo que podría ser una escisión del brazo de Sagitario llamada Espolón de Orión. Superpuesto, un gráfico de longitudes galácticas en relación con nuestro Sol. 
Créditos: NASA/Adler/U. Chicago/Wesleyan/JPL-Caltechs.

Próxima parada, ¿Vega?

En el cosmos, el movimiento es la norma. No sólo gira la Tierra sobre sí misma cada día, sino que también lo hace anualmente con los demás planetas y el Sol en torno a un centro común. Y este centro común discurre en torno a la Vía Láctea subiendo y bajando a través del plano galáctico, como en un tiovivo, unas cuatro veces antes de completar una vuelta cada 230 millones de años. Y la Vía Láctea misma parece dirigirse a un choque frontal con Andrómeda dentro de unos 4.000 millones de años.
Pero por ahora, nuestro sistema solar se mueve en uno de los cuatro brazos galácticos, inclinado unos 60 grados respecto al plano galáctico, en una dirección llamada Ápex solar que nos conduce hacia la estrella Vega a unos 16,5 kilómetros por segundo. Por lo tanto la Tierra se adelanta al Sol en su movimiento galáctico cuando tenemos a Vega visible a medianoche, y lo sigue cuando es Sirio quien la preside, seis meses más tarde.
Pero no estamos muy seguros de llegar a cruzarnos con Vega. Y no se trata sólo de que tardaríamos más de 4 millones de años en llegar.
El motivo es que además de rotar en torno al centro galáctico, el sistema solar puede llegar a hundirse o elevarse unos 200 años luz respecto al plano galáctico, atraído por la gravedad. No es grave, teniendo en cuenta que la galaxia tiene un grosor de unos 1.000 años luz y un diámetro de unos 100 mil años luz, pero implica una cierta incertidumbre sobre nuestro destino.
El movimiento relativo del Sol con respecto a su vencindario de estrellas y su dirección fue descubierto en 1783 por William Herschel. En aquella época todavía imperaba la teoría heliocéntrica y se pensaba que el resto de estrellas orbitarían al Sol. Sin embargo, al observar el movimiento propio de las estrellas más cercanas se comprobó que sus movimientos eran en apariencia caóticos y no parecían orbitar al Sol en absoluto. William Herschel razonó que si el resto de estrellas no orbitaban al Sol, éste también podría seguir un movimiento propio en lugar de permanecer fijo en el centro del universo. Para determinar este movimiento consideró el hecho de que las estrellas más lejanas al Sol se ven más próximas entre sí que las cercanas, de forma que si un grupo de estrellas se acerca al Sol parecerán separarse entre sí y si se aleja del Sol parecerá que dichas estrellas convergen en un punto.
Los puntos de los que aparentemente se separarían o acercarían las estrellas constituyen el ápex y el antápex respectivamente y determinarían la dirección de desplazamiento del Sol con respecto a las estrellas de su vecindario. Este movimiento aparente de las estrellas quedaría parcialmente enmascarado por el movimiento propio de las estrellas pero no totalmente. Siquiendo este razonamiento y basándose en el pequeño número de movimientos propios de las estrellas que se conocían en aquella época, Herschel determinó que el Sol se mueve hacia cierto punto situado en la constelación de Hércules, no muy lejos del ápex que conocemos hoy en día.
Así que una buena forma de adquirir cierta conciencia galáctica es considerar cuando miremos al cielo estival que nos estamos acercando a Vega subiendo y bajando en torno a un misterioso núcleo galáctico situado en Sagitario, con Andrómeda como destino final.
¿Final?



El miércoles, 21 de junio la Tierra alcanza un punto en su órbita en el que su eje de rotación parece estar apuntando en dirección al Sol. Y las sombras alcanzan valores máximos en el hemisferio sur y mínimos en el norte. Es el solsticio. Es el verano boreal.

Antes de eso, el martes 13 se produce la salida más temprana de Sol del año, a las 6:16 horas, y a las 21:28 horas del  martes, 27 la puesta más tardía.

La Luna es llena el viernes, 9. Pero es una luna ligeramente más pequeña de lo habitual. De hecho, será la Luna llena más pequeña de la próxima década. Y como eso significa proximidad entre Luna llena y apogeo, la siguiente Luna nueva, el sábado 24, se producirá próxima al perigeo y será el equivalente a una superluna, aunque en este caso sólo disfrutemos de la delgada curva de su creciente.

Por lo que respecta a los planetas, en junio ni Mercurio ni Marte son visibles, escondidos como se encuentran en el fulgor solar. Venus, sin embargo, ilumina las madrugadas antes de la salida del Sol mientras Júpiter hace lo mismo antes de su puesta. Saturno se encuentra en la mejor posición para su observación, alcanzando su oposición el jueves, 15, a una distancia mínima equivalente a 9 veces nuestra distancia media al Sol. Para una observación óptima, lo buscaremos al Sur como un punto muy brillante a ojo desnudo en la constelacion de Ophiuchis a eso de las dos de la madrugada. No se elevará más de un palmo sobre el horizonte, pero su magnifico sistema de anillos y sus principales satélites serán bien visibles incluso con un pequeño telescopio.

Si hablamos de lluvias de estrellas, deberíamos mencionar que en junio se produce una de las más intensas, pero a plena luz del día. Se trata de las Ariétidas Diurnas. Pueden verse un poco antes del amanecer entre mediados de mayo y principios de julio, aunque alcanzan su máxima actividad la madrugada del 7 de junio. Junto con las Perseidas, es uno de los eventos más intensos del año: cada hora parecen brotar de la constelación de Aries del orden de medio centenar de estrellas fugaces a velocidades bastante elevadas de hasta 42 kilómetros por segundo. Se desconoce su origen exacto pero se cree que son restos del asteroide 1566 Icarus.

Por lo que respecta al universo más allá de nuestro sistema solar, este mes escogemos de la lista de objetos fácilmente observables a simple vista las tres estrellas que delimitan el asterismo veraniego por excelencia: el triángulo de verano. Hablamos de Altair, la estrella más brillante de la constelación del Águila; Deneb,la más brillante de la constelación del Cisne y una de las supergigantes más conocidas; y finalmente Vega, en Lyra, la quinta estrella más brillante del cielo debido a que es también una de las más próximas, a tan sólo 250 años luz de distancia.

Nada más por este mes excepto desearos un feliz verano.

Mapas del cielo

Pulsando en los enlaces podéis abrir una nueva ventana mostrando un mapa detallado del cielo del mes que incluye una lista de objetos destacables y una reseña de objectos de interés en la constelación de Leo, además de los pases de la estación espacial internacional visibles desde Mataró. También está disponible un mapa del cielo en este momento generado por un programa de Dirk Matussek.


Per a compilar aquesta secció, em fet servir www.calsky.com, www.heavens-above.com i el programa Stellarium, entre d'altres.
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